Demos-gracia

Demos-gracia

Cada cuatro años, a los ciudadanos comunes se nos concede la oportunidad de decidir lo que mejor nos conviene. La fiesta cívica funciona bien como placebo: no existe tal cosa como una buena decisión tomada colectivamente. Los comicios están diseñados para hacer cumplir la voluntad de una mayoría que no nos representa a todos, pero sí a los mismos de siempre. Atravesamos voluntariamente el vía crucis del interés mal logrado, los debates circenses, abstencionismo vrs tradicionalismo… es como un juego de niños coaccionado.

El voto no es secreto; las encuestas lo confirman. El voto es un derecho, pero también es un deber: agradezca y siéntase privilegiado. En otras palabras, cállese y aguante.

¿Cómo agradecer la falta de memoria? ¿Cómo celebrar la incertidumbre y hacerse de la vista gorda ante la ignorancia? Uno no puede sentirse bien mientras da vueltas en un disco rayado, escuchando una canción que suena en loop infinito. Recibiendo más de lo mismo.

Al final del día, las sombras se encargan de esconder los escombros del momento histórico, las banderas son olvidadas y los ganadores brindan en nombre de su redentor político. La revolución podrá no ser televisada, pero sí el apocalipsis.

La democracia es una crayola anaranjada con la que todos queremos pintarnos, pero que a la vez regalamos a cambio de lo que sea. Al final sí hay marionetas: nosotros mismos.

Texto por Jenny Cascante

Colectivo Nómada
Publicado por Colectivo Nómada el 9 de Febrero del 2010.
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