Carmen
Despues de años de enfermedad, “Mamá Carmen” murió, dejando atrás a su esposo. Su familia terminaba de festejar el año nuevo y recién se despedían de ella en su propia casa. Unos minutos después, todos recibieron una llamada acerca del estado grave en el cual había entrado súbitamente y no pasó mucho tiempo para que su vida finalizara.
Acerca de la muerte de su esposa, “Papá Paco” se expresó. “Son 60 años de tenerla a mi lado, no puedo describir mucho, soy de muy pocas palabras. Solo sé que casi me voy con ella, la sigo sintiendo a mi lado, todavía me acompaña. Ahora espero para acompañarla”.
La nieta de “Mamá Carmen”, un tiempo después de su muerte, “recibió” un testimonio de su propia abuela acerca de como había sido su partida, el siguiente fue su mensaje:
Desde que nací, quise nunca morir, que no me velaran y por favor que no me vieran en el ataúd. Esas cosas no me gustan, y ni se les ocurra dar café.
Con una sonrisa termino peleándome con todos mis nietos escandalosos y que corren las gallinas, me ensucian el piso y no quieren comer. Ya tengo 83 años pero en realidad todos creen que tengo 81, ya hace una semana me habían anunciado los ángeles que me fuera preparando, era como una velita, que cada día estaba mas débil. Nunca creí irme así tan rápido, pero siempre anhelaba irme de esta tierra sin sentir nada. “Que lindo sería morirse cuando uno está dormido”.
Eran las 12, media noche, ya entrando al 2009, casi año nuevo, dormía muy suave como si mi alma se fuera yendo lento, tratando de que Paco no se despertara y no sintiera que mi calor se estaba yendo, no pude más y mi cuerpo se resistía a dejarme ir. Incómodo, despertó a mi Paquito. Desde ahí empezó a correr el tiempo, cada vez más y más rápido, ahora si ya es el momento. Mi cuerpo enraízado tan fuerte tan fuerte, pedía aire, ya no podía respirar. Mis ojos solo veían al frente escuchando la voz de Eduardo, que lloraba, ya yo inconsciente como cuerpo, y mi estado más consciente como alma.
Donde iba, ahora si, a perpetuarme, ha llegado el momento, estoy lista, eran la 1:16 a.m. del 1 de enero del 2009. Dejó de latir, dejó de respirar, un día que quedara en mis células como recuerdo y en todos los demás que me aman, tal vez el mayor día de toda mi vida sobre la tierra, una vez más dejo de existir para existir como lo más grande que existe, mi alma expandida dentro del amor incondicional de la grandeza.
Texto por Jan Adamski














