En la noche hay luz
¿Un desfile lumínico-nocturno? La sola mención despierta, a priori, más emociones que interrogantes. Tratándose de una actividad multitudinaria, la oscuridad es lo de menos. Algunas incoherencias son entonces vistas como bases del sentido común; es posible y, por demás, necesario esperar hasta doce horas sobre la calle con tal de guardar un espacio en primera fila para el desfile de bombillas y bengalas. Después de todo, las personas se agrupan en pequeñas manadas según dicta el instinto arcaico y el sentido de territorialidad es algo inherente en el ser humano desde siempre.
Aquí la luz como ente es el fundamento primordial. La energía electromagnética radiante es mágicamente convertida en una carroza, una princesa, un bufón en zancos: justamente la corporalidad que amerita la situación.
Las voces se ven iluminadas por los flashes adyacentes y el mantra de ocasión es la solicitud repetida y expresa de los asistentes para con quien sea porte una cámara durante el cortejo: “¡foto foto aquí!”
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Texto por Jenny Cascante



















