Belarmino Leiva Lázaro

[smooth=id:12;]

Llevo 3 años fotografiando a un desconocido que le gusta tomar chicha y tocar la guitarra. Pasa el tiempo y, para uno, cada marca del rostro, cada sombrero y cada gesto es familiar, mientras uno -el fotógrafo- se vuelve invisible.

Don Belarmino, conocido como Coyingo, Peligro, Pata podrida, Mata pizote, Tío José (aunque no se llama José) y otro que le dió vergüenza revelar, fue un desconocido hasta hace un par de semanas que viajé a la Reserva Indígena de Boruca, sin Fiesta de los Diablitos.

Me lo encontré aporreando frijoles, me apodó “Beba” y “Bebita”… así que le empecé a decir de igual forma. Beba dice que la gente lo apoda a uno porque lo estima, por eso para él es una gran cosa que nadie lo llame por su nombre sino por sus apodos.

Beba es músico de la comunidad Brunca, huérfano desde los 8 años, él trabajo desde niño para mantener a su hermana. A los 13 años empezó a “montear” y a desarrollarse como cazador hasta la fecha. Belarmino ha visto al diablo, las brujas lo han intentado perder en el camino, le ha disparado a La Llorona o “Tule Vieja”. Él sabe que los encantos son invisibles, que no pueden tocar a los bautizados, así que no les tiene miedo. “Yo no le tengo miedo a nada, por eso veo muchas cosas”.

Una vez en la montaña, en el cerro de Cuasrán, donde no hay casas, por lo menos no visibles para nuestros ojos, vio como una gallina de patio iba con sus pollitos. La siguió hasta que desapareció detrás de un árbol de mango. Esto le confirmó a él que Cuasrán existe y vive en el cerro con toda la gente que ha desaparecido.

Cuasrán ó ”agüelo” como lo llama Beba, es quien protege a los indígenas, él le pide que le regale animales para cazar y Cuasrán le da zaínos, chanchos de monte, dantas, venados y pavones, pero los tiene encerrados en su cerro para que la gente blanca no se los lleve.

La gente blanca va a montear y nunca halla nada, a Coyingo en cambio Cuasrán si le regala. Cuasrán le ha enseñado a Coyingo las huacas con oro y piezas indígenas porque sabe que él no se las va a llevar. Un hombre que se llevó mucho oro sin permiso de Sancragua, hijo de Cuasrán, murió una madrugada de un calenturón por llevarse el oro de las huacas (tumbas indígenas) sin permiso.

Monteando de noche, Belarmino ha sentido la presencia de “El Salvaje” dos veces. La primera volvía de un rosario y caminaba borracho cuando decidió gritar en la montaña y El Salvaje le contestó su grito y lo empezó a seguir. La segunda vez despues de matar 2 tepezcuintles decidió gritar de nuevo en la montaña de noche, y éste le volvió a responder el grito y a seguirlo. Solamente ha podido ver de día sus huellas, de un pie enorme que tiene los talones al revés y dicen los viejitos antiguos que no tiene rodillas. Belarmino piensa que “El Salvaje” es una persona a la que Dios le dió un castigo.

Coyingo sabe cómo usar los montes, las yerbas, mantecas de animales y oraciones para curar picaduras de serpiente, hemorragias, diarreas y dolores de muela por mencionar algunos. Él sabe cómo hacer hechizos de amor, pero dice también que si uno quiere a un hombre o mujer, para eso Dios nos dio boca y lengua, es mejor hablarles que hacerles hechizos.

Coyingo a los 11 años pescaba en una laguna, y se dio cuenta que a la laguna no le gustaba. Cuando llegaba gente a pescar la laguna empezaba a crecerse y a hacer remolinos, por eso decidió no volver a pescar allí.

Ha visto a la gente que vive detrás de la catarata, ellos salen cuando tiembla porque les da miedo. Él sabe que existen y viven ahí. Los ha escuchado en fiesta, sonando tambores, y a Coyingo esto no le da miedo.

Como le pasan tantas cosas sobrenaturales, él decidió comprarse un libro de magia negra. Así se dio cuenta como las brujas aprenden a hacerse invisibles, robar, volar y hacer maldades. El libro tiene un círculo que en el medio tiene un diablo hincado con cuernos, y abajo un gato negro… “ese es el puro demonio” dice él. Cuando intentó quemar este libro, una de sus páginas fue imposible de quemar.

“Lo que te estoy diciendo aquí ahorita existe, y te digo que existe porque yo lo he visto de mis mismos ojos”.

A La Llorona, Dios la maldijo por matar a un hijo. Ella lo echó en un saco, lo amarró y lo tiró al río. La Llorona se llamaba María del Rosario. El saco corrió río abajo, y Dios le dio la maldición de buscar a su hijo llorando siempre río arriba. Monteando de noche, arrecostado a un palo de mango cerca de la quebrada, Beba oyó a La Llorona que se arrimaba una vez, asi que marcó una bala con una cruz y le disparó para que se fuera huyendo, desde ahí le dice a la gente que no le tenga miedo a La Llorona porque él ya la mató.

Belarmino le pide a la juventud que nunca aprenda brujería ni de magia negra, ni magia blanca ni del diablo rojo.

De las historias que uno construye en base a retratar desconocidos, siempre se superan al conocer realmente al retratado. Belarmino resultó ser el hombre más místico de la región brunca.

Texto por Priscilla Mora



Etiquetas:
Publicado por Colectivo Nómada el 3 de agosto del 2009.

Pocho y Chito

[smooth=id:9;]

Sobre el miedo, éste nos separa el uno del otro.

Pareciera más fácil dejarse vencer por el efecto paralizante, decidir dar la espalda al otro, cerrar la ventana del carro apresuradamente, estar a punto de dar el gran salto y arrepentirnos, cambiar lo dulce de vencer un miedo por lo amargo de someterse a él.

Chito, conocido como Gilberto Shedden, encontró un día a Pocho con un balazo en su ojo y se lo llevó a su casa para curarlo. Le daba de comer como a una gallina de patio y asi nació la amistad.  A Chito le gusta estar cerca de animales a los que la gente teme. En el Centro Turístico Las Tilapias, Chito y Pocho montan un espectáculo donde juntos nadan, hacen acrobacias y se dan muestras de amor. Aparte de cocodrilos, a Chito también le gusta hacer amistad con serpientes, tortugas, aves y turistas. El carisma de Chito le permitiría convertirse en el mejor amigo de una piedra o alga.

Yo quisiera pensar que mis miedos son como Pocho, un poco feos y tuertos. Pocho con su ojo misterioso, su alma ágil, mas de 55 dientes sucios. Pocho con su diseño geométrico que recuerda a las piedras de un río, a él que se le sale un moco por la nariz y no le importa.

Talvez simplemente eso que nos da miedo del cocodrilo es su reputación de peligroso, talvez si nos atrevemos a amar verdaderamente, sin miedo, conquistemos nosotros también el corazón de Pocho. Qué bueno poder jugar con los miedos a hacer luchitas, pararse sobre ellos, besarlos en la nariz y saber que nada malo nos va a pasar. Hacer una buena amistad con nuestros miedos es quizás lo que nos puede hacer vivir.

Yo quisiera de verdad poder acercarme a mis miedos como Chito se acercó a Pocho, salvándolos desde pequeños, abrazándolos dulcemente sin escuchar el consejo popular sobre el riesgo de hacerlo.  Poder inundar un terreno entero para regalarle un lago a mis miedos donde puedan vivir tranquilos, donde los dos sabríamos que estamos a salvo juntos, donde les pudiera acariciar su piel áspera convirtiendo esa mirada sospechosa en una mirada tierna. Yo quisiera poder amar y jugar con mis miedos durante este viaje que es la vida.

Texto por Priscilla Mora



Etiquetas:
Publicado por Colectivo Nómada el 28 de junio del 2009.

Gasparín

[smooth=id:8;]

“Yo tengo las 7 vidas del gato y aquí ando todavía”

Caminando por las calles de Nicoya, en busca de personajes longevos, me hablaron de Gasparín. Cuando encontré su casa y comence a gritar “Gaspariiiin” apareció este pirata de península, al que el folclorista nicoyano Elman Orozco Raffo le compuso una canción que dice: “Gaspariiin Gaspariiin, ¿por qué no crece, no crece Gaspariiin?”

“Si usted hubiera preguntado por Justo”, que es su nombre, “yo no la hubiera atendido, pero como me llamó Gasparín, ahí si”.

En nuestro primer encuentro, él me miró de arriba a abajo con su único ojo vidente, yo le pregunté por su mamá, que me habían dicho que tenía más de cien años y él me respondió, con dolor en su mirada, que ella ya no estaba aquí… yo le conté que la mía también había partido, y a partir de ahí tuvimos un dolor en común, una especie de cómplices con ganas de recordar y amar a los que ya no nos acompañan.

“Si usted fuera mi mujer… no la dejaría andar con el cuerpo marcado”. Nuestra segunda conversación fue acerca de tatuajes, para él están prohibidos ante la ley de dios, y los que salían de la cárcel salían pelones y tatuados, para mí son recuerdos de momentos cruciales, también anduve pelona, pero eso no se lo he contado todavía.

Gasparín perdió un ojo con una bomba fiestera, recibió un balazo, lo han asaltado, tuvo un virus, y sigue vivo, conoce a todos en Nicoya y todos lo conocen a él, es como un libro abierto de recuerdos sobre los vivos y los que ya han partido.

El frito, sopa de tortilla, sopa de queso, albondigas, café de maíz (porque no había café), gallo pintado, huevo pateado, ¿quieren más? Veeenga, gallina, ñame, olla de carne con maraños, jocotes, mondongo (cuando valía 2 colones), mango pelado, mango cocinado, tepezcuintle, venado, “las apretadas que nos dábamos… ahora usted ofrece un plato de esos y no se lo comen, la sopa de ahora es un agua clara y antes era espesa esa sopa…”

¿Porqué la gente de Nicoya es tan longeva? Porque antes mi máma nos dejaba jugar en la tierra, esa tierra es buena para que se macize uno, “la tierra es la salud del cuerpo” por eso, dice Gasparín, es que el guanacasteco dilata mucho.

Recorrer las calle de Nicoya con Gasparín es saltar de adelante hacia atrás, saludar a todos, escuchar como relata con orgullo las historias de su pueblo, el de antes y el de ahora. Si se acuerda de una foto en la que salía sosteniendo una serpiente, corre a su casa a traerla, y ahí es donde uno ve el poder verdadero de la foto, el de recordar la vida que nos pasó y verla con nuevos ojos.

“Antes si el hombre tenía una novia, los suegros decían, bueno… ¿usted está hablando con mi hija?… Bueno, yo quiero ver si usted es hombre… mañana lo espero a tal hora, espero a todos, su mamá, su papá, toda su familia en la casa, el suegro le preparaba un picadero en el solar y ponían sillas para toda la familia, “si usted me pica esa chiva, usted se casa con mi hija” si no la lograban picar se iban porque “no eran hombres”. Cuando el novio visitaba a la hija, nada de estarla hueveando a las 11 de la noche, a las 6 lo mas tarde se iban, las visitas eran con los suegros presentes y ni las palmas de la mano se podían tocar, “hasta que usted se case tiene derecho a usar de mi hija”. Por eso es que se casaban, concluye Gasparín. “Ahora no, ahora las hijas desde que se casan ya van mañoseadas, por eso es que ahora vienen los clavos…”

A Gasparín le dedicaron el Festival de la Luz de Nicoya del 2008, dice que uno no es moneda de oro, y que hay gente que le dice “el sapo”, pero “no he morido aplastado”.

“Si usted toma chicheme en guacal, nunca más se vuelve a ir de Nicoya” me dijo don Justo. Todavía no he probado el chicheme de la península ni el coyol, pero eso será en el próximo viaje.

Texto por Priscilla Mora


Etiquetas:
Publicado por Colectivo Nómada el 15 de febrero del 2009.

General Intergaláctico

[smooth=id:1;]

Salía de realizar una cobertura fotográfica sobre el aniversario reciente en la galería de Jacobo Karpio cuando vi pasar a un policía, lo vi rápidamente y tuve que salir corriendo para hablarle, parecía un policía de otra época.

Cuando estuve a su lado pude ver que le colgaban insignias antiguas y le pedí que me contará su historia, la que él quisiera. Su uniforme era como una obra de arte digna de ser exhibida donde Karpio, un collage de insignias y parches de cualquier tipo de autoridad hasta crear su propio uniforme digno de un hombre soñador.

Don Alvaro Angel Orozco Hidalgo se detuvo y me dijo que quería enseñarme su diploma y carnet (no se de qué) pero que no los andaba, que venía de hacerse exámenes de sangre y orina en el Calderón Guardia, que tiene una sonda y problemas en la vejiga desde hace dos años y medio, que el Calderón Guardia no encuentra solución a su problema y esto le ha traído grandes tormentos al planeta.

Luego me habló de sus entrenamientos militares en Río Frío, y de como ama no solo a CR sino a todos los países del mundo, por eso le mando a su padre, que vive en EEUU, y a la NASA una caja llena de diplomas para que todo país establezca lo mismo, policial municipal, policía de tránsito, pública, aérea e INTERGALACTICA.

Es un hombre que habla sin detenerse, casi sin respirar, que vive en un sueño. Esa tranquilidad de parar en media calle ante una desconocida con cámara, y hablarle sobre la polícia intergaláctica y los entrenamientos de la policía en el espacio, una línea de conversación tan rápida que costaba seguirle el hilo. Un personaje tan tierno que yo no dudaba en creerle nada.

Hablaba con un viejo amigo sobre como cada uno de nosotros tiene su propia versión de realidad, ¿genios? ¿locos?, uno puede recordar un sueño tan lúcidamente que este se vuelve realidad, aunque para el resto sea simplemente una alucinación. Cada vez que vuelvo a ver el reloj y son las 3:33, 4:44, 10:10, 11:11 etcétera, siento un calor en el corazón y me digo a mí misma que TODO VA A ESTAR BIEN, un invento personal de buen augurio. Encontrar una valija en la calle significa para mí llevármela, una señal de que tengo que mudarme de casa o viajar pronto, y que cuando lo haga tengo que empacar todo en esa valija encontrada. Igualmente, sentir la necesidad de salir corriendo para hablarle a un completo desconocido que le cuente a uno historias tan surreales es algo que me alegra la vida entera.

Texto por Priscilla Mora

Etiquetas:
Publicado por Colectivo Nómada el 18 de noviembre del 2008.
Colectivo Nómada | San José, Costa Rica | contacto@colectivonomada.com | Licencia Creative Commons