Carros, perros y pedazos de carne sin sazón

Cuadros perdidos

Este no es el relato de una buena fotografía. La verdad que es una foto bastante fácil de olvidar por cualquiera que la vea que no sea yo, pero tenía ganas de hablar de las circunstancias en las que se dio, bastante olvidables también, en el mismo sentido en que la foto es olvidable. ¿Qué interés podría tener entonces el hablar de ella…?

Estábamos en Cartago, yo formaba parte de un austero equipo de filmación de apenas cuatro personas, al borde de una carretera con vista al Valle de Ujarrás, culminando la grabación de un cortometraje a orillas de un precipicio desde donde se ve “El Salto de los Novios” -una caída de agua de la que se cuenta que una pareja con un exagerado sentido del melodrama, se lanzó como desquite porque sus familiares no los dejaron casarse.

Mientras filmábamos, pasaban algunos corredores y ciclistas, típicos deportistas de sábado por la mañana, que iban sorteando los carros desde los que nos gritaban “¡por favor no se tiren!!”. Los rótulos de “Hombres trabajando” mantenían a los desbocados conductores en estado de precaución mientras nos concentrábamos en nuestra faena, hasta que la cuadrilla de chapeadores que trabajaba en la zona se fue moviendo, excluyéndonos poco a poco de la zona de protección de los rótulos que se iban alejando con ellos.

A unos treinta metros sobre la carretera, en la curva, apareció un perro que no dejaba de espiar a esta peña de aficionados sin oficio pero con cámaras. Se acomodó en la curva, lo más orillado posible, protegiéndose de los carros, abrigado por el monte que las moto-guadañas habían dejado intacto. El condenado perro de inmediato se convirtió en una distracción para mí, cuya tarea era fotografiar los pormenores y minucias de la diminuta producción. Lo llamé para que se acercara a nosotros. No atendió mis silbidos. Lo más que se acercaba era un par de pasos y luego se sentaba. Sin embargo mantuvo todo el tiempo un atento interés en nosotros, tratando de entender qué era lo que estábamos haciendo en “su territorio”.

No sé por qué los animales siempre han sido un tema de especial interés para mí. Es extraño que no tenga entre mis cuadernos de dibujo toneladas de bocetos de animales – lo que más tengo son mafiosos, fumadores, fantasmas, femme fatales y demás personajes que me llaman igualmente la atención, dibujos pornográficos aparte – pero los animales son pocos. No siento el mismo interés en dibujarlos como el que siento en fotografiarlos, solo que no me es fácil fotografiar cualquier animal: las fotos que he hecho de caballos, por más majestuosos que sean en persona, son francamente una porquería trasladados al formato bidimensional. Con los perros es otra cosa. Si logro mantenerlos entretenidos, acabo por lograr algunas de las fotografías por las que siento mayor afecto.

Este perro en particular sentía cierta simpatía por los corredores. Cada vez que pasaba uno de ellos, el perro lo seguía trotando unos cuantos metros, para luego volver a sentarse y quedársenos viendo. Yo no logré capturar esa simpatía. Empezaba a ver en ese perro cualidades que con facilidad encuentro en los seres humanos: el desprecio, la indiferencia, la arrogancia, el placer discriminatorio. Se mantuvo abstraído en sus cavilaciones sobre qué planes tendríamos entre manos, y si él estaría incluído en esos planes. Conforme yo me iba acercando, él trataba de mantener una distancia segura pasándose al otro lado de la calle. Le hice unas cuántas fotos sin valor y me aburrí: los corredores le parecían fascinantes, pero los fotógrafos con barba no eran lo que podría llamarse un día de verano en la playa para este perro.

Cuando finalmente logré concentrarme en la grabación del corto, un carro modelo 88 que pasó al lado nuestro se detuvo en la curva, junto al perro. Desde donde yo estaba sólo se veía la joroba del carro, el resto lo tapaba el zacate sin cortar. Sin apagar el motor, el hombre que lo conducía salió del carro. Traía un pedazo de carne en la mano. Lo dejó al lado del perro, que no se movió de su lugar, se subió de nuevo al vehículo y se fue.

En ese momento recordé una anécdota que me había contado alguien hace un tiempo, sobre un accidente que había sufrido su abuelo paterno hace muchos años en Cuesta de Moras. Digo “sufrido” por decir algo, porque su reacción no fue de sufrimiento sino de cólera. Había perdido el control del carro, derrapó y se volcó. Acostumbrado a la vida en el campo, en la ciudad era muy dado a meterse contravía, saltarse los altos y saludar con la mano a todo aquel que lo insultara por su candidez al volante. Cuando salió como los diablos del carro accidentado, se dió cuenta de que tenía una herida en el brazo de la que le colgaba una lonja de carne de su propio germen. La furia que le había provocado la situación le hizo arrancarse el trozo de carne ensangrentado y tirárselo a un perro que pasaba por ahí. Sin exquisiteces sobre la procedencia de la ración servida, el perro se hizo tragado el pedazo de carne del abuelo.

No pude ver la clase de carne que el hombre le había echado al perro que nos espiaba, pero desde el punto de vista del perro, a pedazo de carne regalado no se le busca el pimentón.

Con su hocico el perro levantó delicadamente el pedazo de carne y se puso en marcha para comérselo en privado. Yo le silbé para que me volviera a ver. No quise acercarme para no espantarlo y perder así definitivamente la oportunidad de fotografiarlo.

Es indiscutible que una buena imagen debe tener carácter universal (aprovecho para insistir en algo que no está en discusión, que es la calidad de esta foto: es una foto mediocre), pero quiero rescatar la idea de que si bien son las buenas imágenes las que relegan a todas las demás al olvido, siempre habrá personas para las que esas imágenes olvidables significan algo, gracias a esa facultad de la mente humana que Freud convirtió en la puerta de entrada a la psique de sus pacientes: la asociación libre de ideas.

Texto por Pedro Murillo

3 comentarios en “Carros, perros y pedazos de carne sin sazón”

  1. Héctor Antonio Chan dice:

    Hola!!

    Cuando se piden comentarios, por lo general uno espera algo que desea escuchar o sencillamente que la gente esté de acuerdo.

    Considero que esta foto, es una foto que cualquier persona, sin conocimiento de estética o composición fotográfica, pudo haber tomado. Por favor no me mal interpretes; con esto no quiero decir que la foto es mala, sencillamente considero que debes de tener muchas otras, mejores!!!

    Es una crítica basada en las buenas intenciones y pensando en que un espacio como este, debe de enseñar y transmitir los conocimientos a otras personas, como yo, que están tratando de aprender un poquito de los que saben mucho!!

    Gracias por permitirme expresar mi sentir y que cuando yo publique mis fotos, tenga críticos de corazón y con la misma buena intención que yo lo estoy haciendo.

    Un abrazote.

    • Saludos Héctor!!
      Justamente este ripo de intervenciones son las que mas apreciamos, por que esta seccion del blog es justamente lo que busca…someter a debate fotos que muchas de las veces ignoramos.Tienes razón con lo que dices acerca de la foto en sí; el mismo autor lo menciona en el texto,pero es importante también conocer por que hay fotos que no logramos, ya que es esto loque a fin de cuentas nos enseña y saca músculo al ojo para estar mucho mas preparados para la próxima imágen qye hagamos.
      Muchas gracias por este tipo de críticas que son las que enriquecen mas el sitio!

  2. Laura Casasa dice:

    Pedro… ¡no es coincidencia que seás vos! Iba a decir que siempre he querido hacer una ruta fotográfica Curridabat-Cartago con todo el tema de los perros, la gente tratando de cruzar la carretera, las casas tugurio que hay en ciertas partes, etc. Tal vez pueda ser una tarea para los Nómadas. Un abrazo. Gracias por este post.

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