ECO (Encuentro de colectivos euroamericanos en Madrid y Soria)

Eco

Fotos: Colectivo Nómada

Durante el mes de Mayo, el Colectivo Nómada deja los buses y se sube al avión en rumbo a Madrid, donde se llevará a cabo el encuentro de colectivos fotográficos euroamericanos, cuyo objetivo es crear un espacio de reflexión en el que los colectivos puedan debatir sobre nuevos métodos para dar visibilidad a sus proyectos y donde se generen nuevas estrategias que hagan posible la producción de sus trabajos.

En este encuentro participan los siguientes colectivos: Blank paper, Ruido Photo, No photo y Pandora de España, Cia de Photo y Garapa de Brazil, Supay fotos y Versus photo de Perú, Sub Cooperativa de Fotógrafos de Argentina, Monda Photo de México, ONG de Venezuela, Transit Odessa y Tendance Floue de Francia, Ostkreuz de Alemania, Documentography de Reino Unido, Terra project de Italia, Kameraphoto de Portugal y Est&ost de varios paises.

Conjunto al encuentro se realizará una muestra entre colectivos con
la curadoría de Claudi Carreras, basados en la temática del medio ambiente, la propuesta llamada ECO (encuentro de colectivos), tiene como objetivo mostrar las diferentes visiones de los colectivos en el marco de esta misma temática.

Dentro del marco de esta exposición el colectivo Nómada realizó en el período Enero-Marzo del presente año, el ensayo “Apuntes Cautivos”, el cual se estrenara en nuestro sitio web simultaneamente con la muestra ECO en Madrid.

Para ver mas información aceca de actividades, entrevistas y el desarrollo de los proyectos pueden visitar nuestro sitio y el Blog del encuentro.

Publicado por Colectivo Nómada el 26 de marzo del 2010.

Foto de la semana 2010.03.15

Foto de la semana 2010.03.15

Don Antonio Molina de 95 años lleva 1 año y medio en una cama, en Hojancha de Guanacaste, debido a una fractura de cadera. El sonríe mientras observa un hermoso Higuerón, la vista cotidiana desde su ventana.

Publicado por Colectivo Nómada el 14 de marzo del 2010.

Carros, perros y pedazos de carne sin sazón

Cuadros perdidos

Este no es el relato de una buena fotografía. La verdad que es una foto bastante fácil de olvidar por cualquiera que la vea que no sea yo, pero tenía ganas de hablar de las circunstancias en las que se dio, bastante olvidables también, en el mismo sentido en que la foto es olvidable. ¿Qué interés podría tener entonces el hablar de ella…?

Estábamos en Cartago, yo formaba parte de un austero equipo de filmación de apenas cuatro personas, al borde de una carretera con vista al Valle de Ujarrás, culminando la grabación de un cortometraje a orillas de un precipicio desde donde se ve “El Salto de los Novios” -una caída de agua de la que se cuenta que una pareja con un exagerado sentido del melodrama, se lanzó como desquite porque sus familiares no los dejaron casarse.

Mientras filmábamos, pasaban algunos corredores y ciclistas, típicos deportistas de sábado por la mañana, que iban sorteando los carros desde los que nos gritaban “¡por favor no se tiren!!”. Los rótulos de “Hombres trabajando” mantenían a los desbocados conductores en estado de precaución mientras nos concentrábamos en nuestra faena, hasta que la cuadrilla de chapeadores que trabajaba en la zona se fue moviendo, excluyéndonos poco a poco de la zona de protección de los rótulos que se iban alejando con ellos.

A unos treinta metros sobre la carretera, en la curva, apareció un perro que no dejaba de espiar a esta peña de aficionados sin oficio pero con cámaras. Se acomodó en la curva, lo más orillado posible, protegiéndose de los carros, abrigado por el monte que las moto-guadañas habían dejado intacto. El condenado perro de inmediato se convirtió en una distracción para mí, cuya tarea era fotografiar los pormenores y minucias de la diminuta producción. Lo llamé para que se acercara a nosotros. No atendió mis silbidos. Lo más que se acercaba era un par de pasos y luego se sentaba. Sin embargo mantuvo todo el tiempo un atento interés en nosotros, tratando de entender qué era lo que estábamos haciendo en “su territorio”.

No sé por qué los animales siempre han sido un tema de especial interés para mí. Es extraño que no tenga entre mis cuadernos de dibujo toneladas de bocetos de animales – lo que más tengo son mafiosos, fumadores, fantasmas, femme fatales y demás personajes que me llaman igualmente la atención, dibujos pornográficos aparte – pero los animales son pocos. No siento el mismo interés en dibujarlos como el que siento en fotografiarlos, solo que no me es fácil fotografiar cualquier animal: las fotos que he hecho de caballos, por más majestuosos que sean en persona, son francamente una porquería trasladados al formato bidimensional. Con los perros es otra cosa. Si logro mantenerlos entretenidos, acabo por lograr algunas de las fotografías por las que siento mayor afecto.

Este perro en particular sentía cierta simpatía por los corredores. Cada vez que pasaba uno de ellos, el perro lo seguía trotando unos cuantos metros, para luego volver a sentarse y quedársenos viendo. Yo no logré capturar esa simpatía. Empezaba a ver en ese perro cualidades que con facilidad encuentro en los seres humanos: el desprecio, la indiferencia, la arrogancia, el placer discriminatorio. Se mantuvo abstraído en sus cavilaciones sobre qué planes tendríamos entre manos, y si él estaría incluído en esos planes. Conforme yo me iba acercando, él trataba de mantener una distancia segura pasándose al otro lado de la calle. Le hice unas cuántas fotos sin valor y me aburrí: los corredores le parecían fascinantes, pero los fotógrafos con barba no eran lo que podría llamarse un día de verano en la playa para este perro.

Cuando finalmente logré concentrarme en la grabación del corto, un carro modelo 88 que pasó al lado nuestro se detuvo en la curva, junto al perro. Desde donde yo estaba sólo se veía la joroba del carro, el resto lo tapaba el zacate sin cortar. Sin apagar el motor, el hombre que lo conducía salió del carro. Traía un pedazo de carne en la mano. Lo dejó al lado del perro, que no se movió de su lugar, se subió de nuevo al vehículo y se fue.

En ese momento recordé una anécdota que me había contado alguien hace un tiempo, sobre un accidente que había sufrido su abuelo paterno hace muchos años en Cuesta de Moras. Digo “sufrido” por decir algo, porque su reacción no fue de sufrimiento sino de cólera. Había perdido el control del carro, derrapó y se volcó. Acostumbrado a la vida en el campo, en la ciudad era muy dado a meterse contravía, saltarse los altos y saludar con la mano a todo aquel que lo insultara por su candidez al volante. Cuando salió como los diablos del carro accidentado, se dió cuenta de que tenía una herida en el brazo de la que le colgaba una lonja de carne de su propio germen. La furia que le había provocado la situación le hizo arrancarse el trozo de carne ensangrentado y tirárselo a un perro que pasaba por ahí. Sin exquisiteces sobre la procedencia de la ración servida, el perro se hizo tragado el pedazo de carne del abuelo.

No pude ver la clase de carne que el hombre le había echado al perro que nos espiaba, pero desde el punto de vista del perro, a pedazo de carne regalado no se le busca el pimentón.

Con su hocico el perro levantó delicadamente el pedazo de carne y se puso en marcha para comérselo en privado. Yo le silbé para que me volviera a ver. No quise acercarme para no espantarlo y perder así definitivamente la oportunidad de fotografiarlo.

Es indiscutible que una buena imagen debe tener carácter universal (aprovecho para insistir en algo que no está en discusión, que es la calidad de esta foto: es una foto mediocre), pero quiero rescatar la idea de que si bien son las buenas imágenes las que relegan a todas las demás al olvido, siempre habrá personas para las que esas imágenes olvidables significan algo, gracias a esa facultad de la mente humana que Freud convirtió en la puerta de entrada a la psique de sus pacientes: la asociación libre de ideas.

Texto por Pedro Murillo

Publicado por Colectivo Nómada el 10 de marzo del 2010.

Foto de la semana 2010.03.05

Foto de la semana 2010.03.05

Un grupo de niños de Barrio Cuba juegan en la fuente ubicada en el “Parque de los Bomberos” contiguo a la estación del Pacífico en San José para aplacar un poco el calor de los días de verano.

Publicado por Colectivo Nómada el 5 de marzo del 2010.
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