
Caminar por las calles de San José, al lado de mi amigo el conejo tuerto, y encontrar la forma de crear historias en cada esquina, en cada momento y en cualquier situación; es una habilidad que se conviritió en un ritual de parte mía y con el mejor maestro de todos. Un maestro que envidiaría cualquier academia, capaz de recitar cualquier cita de Dostoievski al mismo nivel que una de Paquita la del Barrio.
Dentro de nuestros rituales mundanos estaba inventar cualquier canción en las calles, un merengue para una chica emo, o una cumbia satánica para algún gordo transeúnte.
Siendo él como Sherlock Holmes y yo como Watson emprendimos muchas caminatas, con los ojos bien abiertos para encontrar en cualquier fragmento de San José alguna historia cómica que contar.
Al lado del conejo tuerto aprendí a catar chifrijos en Cartago, a convertir un REX en un Derby Suave y el arte del regateo en las compra y ventas, a fin de cuentas todo lo necesario para vivir la vida de una manera que cualquiera envidiaría. Hablo de mi amigo, que lo que menos me enseñó fue su obra y de quien lo que más aprendí fue a leer la calle y sus lecciones de vida.
Hoy es el día en que Holmes escupiría a Watson si supiera que hoy se llora su partida, con el espíritu de un mariachi y como el menos macho de todos.
Hoy es el día en que nos despedimos del más grande, nuestro gran amigo y maestro Felipe Granados - el conejo tuerto.
Texto por Adrián Arias
La luz como milagro. El milagro como algo real. La voz de la luz cantando, de forma estridente, pero cantando, diciendo, haciendo. Como se hace la luz dentro del ojo, así quiero ver todo, como la primera vez, esos niños que juegan, esos viejos que dejaron de reírse, mirar para mirarse, sentir para sentirse, buscar para encontrarse o perderse, da lo mismo.
Mirar para mirarnos.
Nómada por Felipe Granados (1976 - 2009)