En la noche hay luz

¿Un desfile lumínico-nocturno? La sola mención despierta, a priori, más emociones que interrogantes. Tratándose de una actividad multitudinaria, la oscuridad es lo de menos. Algunas incoherencias son entonces vistas como bases del sentido común; es posible y, por demás, necesario esperar hasta doce horas sobre la calle con tal de guardar un espacio en primera fila para el desfile de bombillas y bengalas. Después de todo, las personas se agrupan en pequeñas manadas según dicta el instinto arcaico y el sentido de territorialidad es algo inherente en el ser humano desde siempre.

Aquí la luz como ente es el fundamento primordial. La energía electromagnética radiante es mágicamente convertida en una carroza, una princesa, un bufón en zancos: justamente la corporalidad que amerita la situación.

Las voces se ven iluminadas por los flashes adyacentes y el mantra de ocasión es la solicitud repetida y expresa de los asistentes para con quien sea porte una cámara durante el cortejo: “¡foto foto aquí!”

La luz no es el único espectro. El abanico de vendedores ambulantes favorece el efecto de refracción perfecto para la época. Oscilando desde gorros de colacho y bufandas hasta carne asada y dulces de incierta procedencia, ciertamente la flora intestinal vela por nuestro bienestar una vez más. De igual manera, no puede faltar el espíritu de la navidad reforzado por alguna que otra sustancia espirituosa que intenta justificar las conductas impropias mediante la profundización de tonterías. Las emociones siguen aterrizando como en bombardeo, talvez no tan fuerte y evidente como la senda publicitaria que se experimenta alrededor de una semana antes del festejo pero igualmente difícil de ignorar.

El trópico es generoso; en lugar de nieve y penetrante frío, regala lluvia. Aún así, nadie pierde la compostura, ni el lugar que guardó horas antes. La autocompasión no figura dentro de la línea afectiva programada para esa noche, mucho menos el desdén hacia la demostración comunal refulgente.

Con el pasar de las carrozas, bandas y personajes, las luces se van viendo reposadas, la gente… no tanto.

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Texto por Jenny Cascante


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Publicado por Colectivo Nómada el 28 de Diciembre del 2008.

Navidation

Navidad, navidad de artefacto, compre sus fiestas, regalos enlatados, en bolsa plástica, envueltos en papel de regalo sin envolver, se los puede llevar puestos o comérselos de un bocado. Mire que lindas las luces que colgaron de los árboles. Venga, pase, compre siéntase feliz, disfrute los momentos con la familia, esa a la que no vemos nunca.

Ojalá este artefacto de la navidad no nos aplaste de pronto y quedemos medio ahogados entre los papeles de regalo o en la borrachera de alguna “navidad sin ti”.

Talvez no importe tanto cuanto compre, cuanto le regalen, cuanto coma, o cuanto tome, solo por favor no maneje borracho. Felices Fiestas.

Texto por Mariana D. Sáenz


Publicado por Colectivo Nómada el 25 de Diciembre del 2008.

La fotografía como un lenguaje multifacético

La fotografía ha demostrado ser una de las vertientes artísticas más multifacéticas de la historia, en parte, por las diversas funciones que le ha otorgado la sociedad. Su capacidad de reproducirse masivamente nos permite registrar variedad de momentos y situaciones cotidianas que sirven como testimonio a una serie de rituales, utilidades e intereses que registran escenas humanas escritas en el tiempo.

La fotografía se ha integrado a nuestras ceremonias familiares cual custodia de nuestros recuerdos; todo queda registrado en la escena fotográfica: bodas, bautizos, fiestas de quince años y hasta la foto con el amigo borracho o las, ahora, clásicas fotos para Hi5. Hemos desarrollado la necesidad de mostrar lo sucedido, de inmortalizarlo y de permitirnos la exploración de diversas propuestas estéticas con el fin de obtener una imagen cargada de emotividad.

Por su cercanía con los eventos, el poder para desmentir o legitimar algo es muchas veces otorgado a la fotografía que, como prueba o evidencia, adquiere el peso de “la verdad” u “objetividad” a través de vertientes como el fotoperiodismo o la fotografía criminológica que buscan lo legítimo y comprobable. Sin embargo, en cualquier situación, hay cientos de probabilidades dentro de un encuadre, por tanto la subjetividad asienta en tierras movedizas la ideología del hecho comprobable, dejándonos con la duda de realidades que involucran la mentira como un cómplice inevitable.

Con lo anterior abordamos la delgada línea que divide lo real y lo ficticio. Cuando vemos nuestra imagen en un documento de identificación, encontramos que la imagen trasciende los elementos visuales para convertirse en una representación de nosotros mismos, cosa que también sucede, por ejemplo, en el ámbito de la fotografía pornográfica. Aquí los fotografiados dejan de ser una imagen para convertirse en algo “real” y capaces de seducirnos con una mirada de reojo o capaces de involucrarnos en una sensación o acto engañoso sin que dudemos en algún momento si contemplamos una imagen o una persona.

Otra de las características de la fotografía es el engaño, ese que nos lleva a creer en la ‘necesidad’ de consumir todo tipo de objetos, productos e identidades a través de los medios. De este fenómeno son cómplices la fotografía publicitaria y de moda que contribuyen a la imposición de cánones estéticos y conductas que se convierten en una especie de adicción social y que buscan repuntar el consumo reforzando prejuicios y estereotipos; la idea impuesta de que no somos lo que anhelamos ser, se escuda en imágenes perfeccionistas, esclavas de la estética y sus miles de rutas y dialectos.

A fin de cuentas ¿qué es fotografía?, ¿es un objeto seductor o una evidencia de la cotidianeidad? ¿Es la verdad, la mentira o una mezcla de ambas? Un común denominador al hablar de fotografía es que nos basamos en experiencias humanas tangibles, la fotografía es una vertiente multifacética del arte y por esto el objetivo de esta compilación de ideas personales es conocer opiniones, críticas y vivencias fotográficas para retroalimentarnos a través de la cámara y las imágenes.

Texto por Adrián Arias

Publicado por Colectivo Nómada el 1 de Diciembre del 2008.
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